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Una gesta sin par

Por Lic. Claudio Gustavo Goldman

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Entre el 5 y el 10 de junio de 1967 (26 de íar a 2 de sivan de 5727, según el calendario hebreo) se desarrolló la tercera guerra entre el Estado de Israel y sus vecinos árabes: Miljémet Shéshet Haiamim, la Guerra de los Seis Días, también conocida en la historiografía como la Guerra de Junio de 1967.
Esta contienda bélica marca un punto de inflexión en la historia del joven Israel -que recién
había celebrado su 19° Iom HaAtzmaút-, en la relación entre el Estado judío y las comunidades diaspóricas, en el desarrollo del Movimiento Sionista y -¿por qué no?- en la historia de Am Israel, cuyos efectos se siguen sintiendo cuando conmemoramos el 44º aniversario de esa gesta sin par.
El presente trabajo se centrará en los aspectos relacionados con la guerra en sí: su contexto, sus características y sus efectos inmediatos.

Antecedentes
Los antecedentes de la tercera guerra entre el Estado de Israel y sus vecinos árabes pueden
dividirse en mediatos e inmediatos al inicio de la misma y están relacionados con situaciones
específicas de la región, así como con el contexto mundial.

Antecedentes mediatos
El primero de ellos, fundamental en todos los sentidos, era que los países árabes que no habían aceptado la resolución 181 de las Naciones Unidas -de Partición de Palestina en dos Estados, uno judío y otro árabe, aprobada el 29 de noviembre de 1947- y no bien terminado el Mandato Británico, el 15 de mayo de 1948, atacaron al naciente Estado de Israel no admitieron su derrota en Miljémet HaShijrur (Guerra de Liberación) ni la mera existencia del Estado judío, el cual debía ser eliminado cuando las circunstancias lo permitieran.
Con el paso del tiempo, los gobiernos árabes mantuvieron esta postura pese a que algunos
habían dejado de ser colonias o protectorados británicos y franceses y en otros, sus monarquías habían sido derrocadas por agrupaciones políticas de ideología socialista y populista, integradas por la joven oficialidad militar, como el Movimiento de Oficiales Libres, en Egipto, y el Partido del Renacimiento Árabe Socialista, Báaz (renacimiento, en árabe), en Siria e Irak.
El primero, liderado por Gamal Abdel Náser, derrocó al rey Faruk I en 1952 y estableció la
República Árabe de Egipto, de la cual su mentor fue vicepresidente hasta noviembre de 1953, cuando tomó el poder hasta su muerte, en 1970. El “Náserismo”, de tendencia nacionalista, priorizó el poder del Estado con elementos populistas y socialistas y un claro sentimiento antiliberal y autoritario que lo llevó a suprimir los partidos políticos. A la vez, fue reformista en lo económico e impulsó el desarrollo del país.
A fin de financiar la represa de Asuán, que suministraría electricidad a Egipto utilizando las
aguas del río Nilo, en 1956 Náser nacionalizó el Canal de Suez, lo cual Gran Bretaña y Francia trataron de impedir mediante un ataque militar en esa zona. Debido a que desde Egipto y la Franja de Gaza partían terroristas fedayín que llevaban a cabo atentados contra su población, Israel se sumó a la acción militar con la Mivtzá (operación) Kadesh o Campaña del Sinaí (29 de octubre al 5 de noviembre, foto), por la cual capturó casi toda esa península.
Los Estados Unidos y la Unión Soviética, presididos respectivamente por Dwight Eisenhower
y Nikita Kurschev, se opusieron a la reacción franco-británica, la cual cesó y obligó al primer
ministro israelí, David ben Gurión, a ordenar el retiro de sus tropas del territorio conquistado.
Aun así, meses después Israel logró que el Sinaí estuviera desmilitarizado y que en la frontera con Egipto se estableciera la Fuerza de Emergencia de las Naciones Unidas (UNEF), un contingente militar internacional que debía impedir el ingreso de los fedayín, tras lo cual casi concluyeron los ataques terroristas en el Sur. También consiguió que se permitiera la libre navegación por el Estrecho de Tirán, que une el Mar Rojo con el Golfo de Ákaba, lo cual
desbloqueó el ingreso de naves al puerto de Eilat, algo fundamental teniendo en cuenta que,
desde su nacionalización, a los barcos israelíes se les impidió la utilización del Canal de Suez.
Por su parte, Náser consideró que había triunfado y firmó convenios de asistencia con la Unión Soviética, que comenzó a proveer a Egipto de armamento sofisticado y oficiales para el
adiestramiento militar y se comprometió a financiar la construcción de la represa de Asuán.
El líder egipcio se convirtió en uno de los referentes del “Tercer Mundo”, el movimiento que
integraban los países “no alineados” al bloque occidental, encabezado por los Estados Unidos, ni al soviético. Esto lo llevó a impulsar el “panarabismo”, un movimiento nacionalista árabe que propugna la unidad política de todos los pueblos asiáticos y africanos de ese origen, con la finalidad de constituir una única nación, como en el pasado, ya que tienen en común elementos históricos, culturales, económicos, sociales, etc. De acuerdo a sus teóricos de esos años, influidos por el socialismo y el marxismo, la unión les daría un mayor grado de poder colectivo que permitiría beneficiar a toda la población.
Impactado por lo logrado por Egipto, el gobierno sirio le propuso unir a ambos Estados y el 1° de febrero de 1958 se constituyó la República Árabe Unida, presidida por Náser. El intento tuvo una corta duración, ya que Siria se separó en 1961, por disidencias entre los líderes, si bien Egipto continuó usando esa denominación hasta principios de 1971, tras la muerte de Náser.
Las relaciones entre ambos países mejoraron cuando el partido Báaz asumió el gobierno sirio, el 8 de marzo de 1963, bajo el liderazgo y la presidencia de Hafez al-Assad.
Antecedentes inmediatos Fortalecido por el apoyo recibido de la Unión Soviética -tanto en pertrechos militares (aviones, tanques, radares y oficiales instructores) como en asistencia económica, la cual le permitió construir la represa de Asuán en muy pocos años-, reconocido internacionalmente como uno de los máximos líderes del Movimiento de No Alineados o del Tercer Mundo y sin enemigos preocupantes en el frente interno, Náser (foto) consideró que había llegado el momento de liderar la contienda que permitiría concretar el sueño de millones de árabes: eliminar al Estado de Israel de la faz de la Tierra.
En 1966 llegó a una alianza militar con el gobierno sirio, que también contaba con respaldo
soviético; luego propició que los medios de prensa egipcios atacaran a Israel y anunciaran su
pronta destrucción y volvió a apoyar abiertamente -nunca había dejado de hacerlo, pero no lo divulgaba- a los terroristas que atacaban territorio israelí; y el 17 de mayo de 1967 exigió el retiro de la UNEF, que fue virtualmente expulsada, lo cual obligó al organismo internacional a aceptarlo.
Inmediatamente después, Egipto comenzó a enviar tropas al Sinaí y el 23 de mayo bloqueó el Estrecho de Tirán, a la vez que influyó activamente para que la presión popular jordana hiciera que el rey Hussein se apartara de su relación con las potencias de Occidente y se uniera a la alianza militar egipcio-siria, lo cual ocurrió el 30 de mayo.
El 27 de mayo, Náser declaró sin tapujos que “nuestro objetivo básico será la destrucción de
Israel; el pueblo árabe quiere luchar”.
En tanto, el por entonces referente máximo de la Organización para la Liberación de Palestina, Ahmad al-Shukairy, anticipó que los judíos que sobrevivieran a la inminente guerra no serían autorizados a permanecer en Palestina, si bien no esperaba que muchos pudieran hacerlo.
El 4 de junio, Irak se integró a esa alianza, mientras que Argelia, Arabia Saudita, Sudán,
Túnez, Libia y Marruecos se aprestaban a enviar tropas para unirse a las que eliminarían al
Estado de Israel.
En tanto, el gobierno sirio de Hafez al-Assad, cuyas fuerzas militares venían atacando, desde
las fortificaciones de las Alturas del Golán, a las poblaciones israelíes -en especial, kibutzim y
moshavim- que rodeaban el lago Kinéret y la región este del Galil, consideró que la situación era ideal para avanzar hacia el Mediterráneo y lograr una salida directa al mar.

Reacción israelí
Si bien desde la firma del acuerdo de armisticio, en 1949, el peligro de una nueva guerra
israelo-árabe estuvo siempre latente, la constitución de la República Árabe Unida lo convirtió en una certeza y el establecimiento de la alianza militar egipcio-siria, a fines de 1966, lo volvió inminente.
Cuando David ben Gurión se retiró del gobierno israelí, en 1963, su sucesor como primer
ministro, Levi Eshkol (foto), decidió basar su gestión en la búsqueda de una solución a los
diferendos internos existentes desde antes de la proclamación del Estado.
Nacido en Ucrania, en 1895, como Leivi Shkólnik, concretó su aliá antes de la Primera Guerra
Mundial.
Ya en Éretz Israel, Eshkol fue miembro del kibutz Degania y militante del sionismo socialista
e integró la Legión Judía comandada por Zeev Yabotinsky.
También fue un activo afiliado de la Histadrut, oficial superior de la Haganá y uno de los
impulsores de la Compañía de Agua “Mekorot”, de la cual fue director administrativo hasta
1951, cuando fue electo para integrar la Segunda Knéset representando a MaPa”I (Mifléguet
Poaléi Éretz Israel, Partido de los Trabajadores de la Tierra de Israel).
Luego, Eshkol ocupó varias carteras ministeriales hasta llegar a la Jefatura de Gobierno.
Como ejemplos de su afán apaciguador pueden mencionarse la unificación de todos los
sectores del sionismo socialista en un solo partido político y la decisión, en 1964, de ordenar
que los restos de Yabotinsky, fundador y líder ideológico del movimiento sionista revisionista,
fueran llevados a Israel y vueltos a sepultar en un funeral oficial en el Monte Herzl de
Ierushaláim.
Cumplió así con el deseo de que sus restos fueran trasladados a Israel “sólo por instrucción del futuro gobierno judío”, tal como lo escribiera en 1935.
Por otra parte, Eshkol permitió -y posiblemente propulsó- que el comando de TzáHa”L
elaborara planes de contingencia para enfrentar una nueva guerra, a la vez que admitió que se pertrechara con los equipos más modernos posibles y se desarrollara una industria militar de excelencia.
Cuando Náser decidió el retiro de la UNEF, Eshkol les solicitó infructuosamente a los Estados
Unidos y la Unión Soviética que lo impidieran.
Días después, cuando fuerzas egipcias bloquearon el Estrecho de Tirán, denunció ese hecho
como un acto de guerra, contrario a las leyes internacionales.
La reacción internacional fue por demás llamativa: mientras el presidente estadounidense,
Lyndon Baines Johnson, buscaba sin éxito integrar una nueva fuerza apaciguadora que se
instalara en las fronteras de los países árabes con Israel, los soviéticos le informaban a Siria que Israel se aprestaba a atacarla, algo que era absolutamente falso. En tanto, el resto de los países de Occidente sólo emitía declaraciones, y algunos ya se aprestaban a recibir a los israelíes que sobrevivieran a la guerra.
Los únicos que apoyaban al Estado de Israel eran los judíos diaspóricos, quienes se
movilizaban para lograr que sus países de residencia intentaran evitar la conflagración.
La población israelí era consciente del peligro que se cernía sobre ella, y lógicamente tenía
miedo, pero confiaba en sus dirigentes y, en especial, en su ejército.
Ante la inminencia del comienzo de las hostilidades, Eshkol conformó un gobierno de unidad
nacional, el primero en la historia del Estado de Israel, y convocó a Moshé Dayán para que se integrase al mismo como ministro de Defensa y a Menájem Beguin, el líder de la oposición, como ministro sin cartera, lo cual ambos aceptaron.

Cronología de la guerra
Las fuerzas militares de la alianza egipcio-sirio- jordano-iraquí eran abrumadoramente
superiores a las israelíes. Mientras éstas contaban con 264.000 soldados, 250 aviones y un
número indeterminado de tanques, las primeras sumaban 547.000 efectivos, 957 aeroplanos y más de 2.500 blindados.
TzáHa”L, el Ejército de Defensa de Israel, estaba comandado por Itzjak Rabin y sus
principales generales eran Uzi Narkis, Israel Tal, Mordejai Hod, Ariel Sharón y Ézer
Weizmann.
Los árabes eran dirigidos por Abdel Hakim Ámer, Abdul Munim Riad, Zaid ibn Sháker y
Hafez al-Assad.

5 de junio (26 de íar):
Israel se anticipó al ataque egipcio por medio de un plan ideado por Weizmann, comandante
de la Fuerza Aérea, y para las 8 de la mañana ya había eliminado a 286 de los 420 aviones de combate egipcios, dejado fuera de operatividad a 13 importantes bases aéreas y 23 estaciones de radar. Israel perdió sólo 19 aeroplanos.
A la vez, tropas terrestres ingresaron a la Península del Sinaí, donde debieron luchar
arduamente frente a los egipcios.
Sobre el mediodía, Jordania inició un fuerte ataque a la región central israelí, pese a que el
gobierno israelí le había solicitado que no lo hiciera. El ataque jordano fue repelido con
artillería, y la aviación israelí acometió contra las fuerzas sirias que atacaban el Galil con
artillería pesada desde el Golán.

6 de junio (27 de íar):
Las tropas israelíes dominaron casi toda la Península del Sinaí.
En la zona central, fuerzas terrestres se apoderaron de importantes centros urbanos árabes,
como Latrún, y se aprestaban a ingresar a Ierushaláim.
En el Norte continuaba el ataque de la artillería siria.

7 de junio (28 de íar):
Las tropas israelíes desbloquearon el estrecho de Tirán y llegaron a orillas del Canal de Suez.
Luego de combates cuerpo a cuerpo, a fin de no destruir los lugares históricos, las fuerzas al
mando del general Mordejai “Mota” Gur recuperaron toda Ierushaláim HaAtiká (la Ciudad
Vieja de Jerusalem) y Har HaBait (Monte del Templo), a la vez que otras unidades dominaron
Iehudá y Shomrón (la Judea y Samaria que estaba bajo control de Transjordania).

8 de junio (29 de íar):
No se produjeron combates de importancia y se estableció una tregua con Egipto, la cual no
fue aceptada por Siria.

9 de junio (1º de sivan):
El ejército israelí se aprestó a luchar contra las fuerzas sirias en las Alturas del Golán, donde
estaban muy bien fortificadas y resistían los ataques de la aviación israelí, pese a que Siria, en el primer día de la guerra, había perdido aproximadamente el 60 por ciento de sus aviones.
Por la noche, tropas de TzáHa”L lograron penetrar en las fortificaciones y apoderarse de las
mismas.

10 de junio (2 de sivan):
El ejército israelí tomó la ciudad siria de Kuneitra y despejó el camino a la capital, Damasco,
pero las presiones internacionales impusieron un alto el fuego que el Estado judío no tuvo otra opción que aceptar.

Consecuencias de Miljémet Shéshet Haiamim
Finalizada la guerra, Israel pasó a dominar las Alturas del Golán, Iehudá y Shomrón,
incluyendo el sector oriental de Ierushaláim e Ir HaAtiká (la Ciudad Vieja), la Franja de Gaza y la Península del Sinaí (mapa).
Con el control de esos territorios Israel adquirió una profundidad territorial que, tras dos
décadas de fragilidad estratégica, le permitió tener capacidad defensiva frente a la artillería
árabe, al quedar fuera de alcance sus principales ciudades. Asimismo, Israel les demostró a sus vecinos que tenía capacidad y voluntad para defenderse militarmente.
Como contrapartida debe considerarse el aumento de la población árabe bajo su gobierno
directo; en su inmensa mayoría, gente frustrada porque esperaba una rápida victoria y
desaparición del Estado judío.
A nivel internacional, la Unión Soviética y los países del bloque comunista-socialista
rompieron relaciones diplomáticas con Israel pues lo consideraron un país agresor, debido a que atacó antes de ser atacado, y en los meses subsiguientes a la finalización de la guerra se
dedicaron, junto con los Estados árabes, a denunciar a Israel como una nación ocupante y no un pequeño país que luchaba por su supervivencia.
Por su parte, el 22 de noviembre de 1967, casi medio año después de finalizada la contienda
bélica y luego de un amplio debate, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas adoptó, por unanimidad, la resolución 242, que fijó obligaciones para todas las partes y se reproduce a continuación:

“El Consejo de Seguridad, Expresando su constante preocupación por la grave situación en Medio Oriente.

Insistiendo en la inadmisibilidad de la adquisición de territorios por medio de la guerra y en
la necesidad de trabajar por una paz justa y duradera, en la que todos los Estados de la zona
puedan vivir con seguridad.

Insistiendo, además, en que todos los Estados miembros, al aceptar la Carta de las Naciones
Unidas, han contraído el compromiso de actuar de conformidad con el artículo 2 de la Carta,
1. Afirma que el acatamiento de los principios de la Carta requiere que se establezca una paz
justa y duradera en Medio Oriente, la cual incluya la aplicación de los dos principios
siguientes:

1) Retirada de las Fuerzas Armadas israelíes de territorios que ocuparon durante el reciente
conflicto;
2) Terminación de todas las situaciones de beligerancia o alegaciones de su existencia, y
respeto y reconocimiento de la soberanía, integridad territorial e independencia política de
todos los Estados de la zona y de su derecho a vivir en paz, dentro de fronteras seguras y
reconocidas y libres de amenaza o actos de fuerza.
2. Afirma, además, la necesidad de:
a) Garantizar la libertad de navegación por las vías internacionales de navegación de la
zona;
b) Lograr una solución justa al problema de los refugiados;
c) Garantizar la inviolabilidad territorial e independencia política de todos los Estados de la
zona, adoptando medidas que incluyan la creación de zonas desmilitarizadas.

3. Pide al secretario general que designe a un representante especial que vaya a Medio
Oriente para establecer y mantener contactos con los Estados interesados, a fin de promover un acuerdo y ayudar en los esfuerzos para lograr una solución pacífica y aceptada, de acuerdo con las disposiciones y principios de la presente resolución.

4. Pide al secretario general que informe lo antes posible al Consejo de Seguridad sobre el
progreso de los esfuerzos del representante especial.”
Cabe destacar que el texto habla de territorios, pero no especifica que deben ser todos ellos, y que llama a una “solución justa” del tema de los refugiados, sin sugerir cuál sería.



Fuente: OSA





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