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CIRCUNCISIÓN

Colaboración de Fabian Zentner

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Notable historia y bello poema

Carlos M. Grünberg, poeta argentino, nació en Buenos Aires el 29 de agosto de 1903. Su padre Mardoqueo (Manuel) nació en 1875 en Haifa, fué alumno del filólogo y escritor Eliezer Ben-Iehuda, artífice de la moderna lengua hebrea. Llega a la Argentina en 1898, donde se casa con Judith Krauthamer.

De niño, Carlos viaja en 1913 con su padre a Palestina y a Egipto, a visitar a su abuela en Alejandría. En 1919, a sus 15 años es expulsado del secundario Mariano Moreno, víctima de una agresión ultranacionalista (año de la semana trágica).

En el mismo año en que aparecen las primicias de Oliverio Girondo, Horacio Rega Molina y Leopoldo Marechal (1922), aparece el primer poemario de Grünberg (“Las cámaras del rey”) y comienzan sus colaboraciones en la prestigiosa revista literaria “Martín Fierro”.

Siempre quiso ser diplomático, y en 1928 se inscribió en el Ministerio de Relaciones Exteriores, pero posiblemente su calidad de judío e izquierdista y su segundo nombre Moisés (según investigaciones citadas en el ensayo) le impidieron ser aceptado.

Sin embargo, la vida provee de segundas oportunidades. El 12 de agosto de l948 D. Moshe Tov lo designa Oficial de Enlace del Estado de Israel ante el gobierno de la República Argentina , convirtiéndose así en el primer representante de Israel en el país. Y el 28 de febrero de 1949 el Canciller de Israel D. Moshé Sharet lo designa representante especial de Israel ante Argentina.

Carlos M. Grümberg fue el primero en izar la bandera israelí en la Argentina. Tras la llegada del primer embajador Jacob Tzur, es designado consejero honorario de la Embajada de Israel en Buenos Aires.

Muere el 25 de julio de 1968 a los 65 años, a la misma edad de su padre.

CIRCUNCISIÓN

(del libro “Mester de Judería”, su obra cumbre, prologado por Jorge Luis Borges, Buenos Aires, 2 de agosto de 1940). Este poema está incluido en varias antologías poéticas.

Hace ocho días que naciste,

hace un minuto que eres triste.

En el salón había masas,

había gente, había tazas.

También había dos sillones,

los dos cubiertos de almohadones.

Uno esperaba al nabí Elías,

como los nuestros al Mesías.

Ningún nabí, por cierto, vino

para asistir a tu padrino.

Éste ocupó, muy tieso, el otro

y echó a sudar como en un potro.

Quizá el calor; quizá la gloria

de ser tu mesa operatoria.

Tú dormitabas en sus brazos,

todo mantillas, todo lazos.

Entre la gente había un hombre

que en español no tiene nombre.

Según suicida y homicida,

lo trataré de circuncida...

Traía algunos instrumentos

y dos o tres medicamentos.

Te desnudó con mucha ciencia,

con femenina diligencia.

Bendigo a Dios por el precepto,

del cual, sin duda, es un adepto.

Sufrió en su hora el sacrificio

y hoy circuncida por oficio.

El sacrificio fue instantáneo;

fue casi un rayo subitáneo.

Cortó el sobejo como un rizo

para volverte circunciso.

Cortó el sobejo filisteo

para trocarte en un hebreo.

Cortó el sobejo porque eres

Judá ben Sion y no Juan Perez.

Ahora sangras, lloras, gritas.

gritas con gritos israelitas.

No grites más; no llores tanto,

deja tus gritos y tu llanto.

Sangrar no es nada, pero nada,

sangrar es sólo una bobada.

Aún ignoras, pobre crío,

que cuesta sangre ser judío.

Que cuesta sangre, como el arte,

como si fuese un arte aparte.

Que cuesta sangre día a día,

del nacimiento a la agonía.

¡Que cuesta sangre y que con ésta

va la primera que te cuesta!



Fuente: CIM





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